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En el corazón de una de las piezas arquitectónicas más emblemáticas del país, la remodelación del Estadio Banorte se plantea como un manifiesto contemporáneo de identidad. Más que una intervención, el proyecto es una lectura profunda de lo que significa construir en México hoy: una síntesis entre memoria y proyección, entre materia y narrativa.
Así, la identidad nacional se construye como un lenguaje abierto, donde la arquitectura, el diseño y el arte operan como vehículos de expresión colectiva. Un lenguaje que integra inclusión, progreso, artesanía y genio creativo, y que encuentra en la escala del estadio el escenario ideal para proyectar a México hacia una conversación global.
La intervención de los espacios del Estadio se estructura a partir de tres ejes conceptuales que definen su alcance y profundidad.
El primero responde a la necesidad de rescatar y preservar el espíritu original del estadio. Más allá de su dimensión deportiva, el inmueble se reconoce como un símbolo cultural, testigo de momentos fundacionales como las Olimpiadas de 1968 y los mundiales de 1970 y 1986. En este sentido, la propuesta entiende al estadio como un archivo vivo donde la arquitectura ha sido cómplice de una expansión creativa nacional.
El segundo eje reivindica el movimiento moderno mexicano como una expresión vigente de identidad. La intervención dialoga con el legado de figuras clave —Pedro Ramírez Vázquez, Clara Porset, Mathias Goeritz, Ricardo Legorreta, entre otros— no desde la nostalgia, sino desde la reinterpretación. Se recupera así un lenguaje cohesivo que posiciona a México dentro del panorama global del diseño y arquitectura.
El tercer eje propone la colaboración como metodología. Cinco oficinas mexicanas —Cuaik | CDS, Luis Huerta, ESTUDIO Ignacio Urquiza Ana Paula de Alba, CAAM Arquitectos y Clásicos Mexicanos— convergen en un ejercicio colectivo que privilegia la coherencia sobre la fragmentación. En lugar de dividir el proyecto, se construye un sistema integral donde cada espacio responde a una visión compartida, dando lugar a una propuesta coherente, fluida y profundamente articulada.
La estrategia de diseño se despliega sobre más de 15,000 m² de intervención, donde la escala monumental del estadio se traduce en una experiencia interior precisa y sensorial. El proyecto introduce un sistema cromático que organiza y orienta: verde, terracota, azul y amarillo codifican los distintos niveles, transformando la circulación en una experiencia intuitiva.
En el lado poniente, el acceso a nivel calle se define por una fachada y recepción en tono terracota que articula un recorrido vertical hacia espacios diferenciados. En el nivel inferior, se introduce el tono amarillo; un espacio conformado por una barra y un área lounge que nos conectan a palcos que replican esta misma identidad. En el nivel superior, encontramos el color verde, donde una gran barra central se convierte en punto de encuentro. La modulación de muros en madera y bastidores de acero refuerza esta lectura sistemática del espacio.
En contraste, el lado oriente introduce una apertura dominante: una gran terraza en el nivel 300 que conecta visual y físicamente la cancha con el paisaje exterior —los volcanes, la explanada y el Sol Rojo de Calder—. Esta permeabilidad redefine la experiencia del estadio, diluyendo los límites entre interior y exterior mediante una planta libre que funciona como espacio social.
Bajo las gradas, el Lower East Bowl emerge como un universo paralelo vinculado a la experiencia “tras bambalinas”. Organizado en torno al Centerline Club – espacio que responde al centro de la cancha – este sistema subterráneo articula distintos programas —tunnel club, locker room club y corner club— en una disposición especular que enfatiza el eje central. Un mural creado y desarrollado por Cerámica Suro, conmemora 65 años de historia del estadio, integrando memoria y recorrido en una misma superficie.
El mobiliario se articula desde dos ángulos paralelos que, lejos de competir, construyen una narrativa complementaria.
Por un lado, la curaduría realizada junto a Clásicos Mexicanos parte de una investigación meticulosa de marcas nacionales capaces de impregnar los espacios de una identidad profundamente arraigada. Esta selección —que incluye firmas como Piztola, Cacao, Patrones y la emblemática silla danesa de Clásicos Mexicanos— retoma el espíritu multidisciplinario de mediados del siglo XX en México, donde la integración entre arte, diseño y arquitectura consolidaba una visión unificada del espacio. Aquí, el mobiliario no solo habita los interiores: los completa, los contextualiza y los ancla culturalmente.
En paralelo, el proyecto desarrolla una línea propia de mobiliario que extiende el discurso arquitectónico hacia la escala del objeto. La Colección EA, diseñada por ESTUDIO Ignacio Urquiza Ana Paula de Alba, Cuaik | CDS y Luis Huerta; y producida por Piztola, reinterpreta la geometría y lógica estructural del estadio en piezas que varían en altura, color y función. Bancos, sillas y taburetes se despliegan como un sistema coherente que dialoga con cada ambiente, respondiendo a las necesidades programáticas sin perder una identidad formal clara.
Entre curaduría y diseño, el mobiliario se convierte así en un lenguaje más del proyecto: un puente entre tradición y contemporaneidad que reafirma la vocación integral de la intervención.
Como en los grandes momentos de proyección internacional de México —1968, 1970, 1986— esta intervención posiciona nuevamente al país en el mapa global del diseño. La remodelación del Estadio no solo actualiza una obra icónica: la reinterpreta, la amplifica y la proyecta hacia nuevas formas de habitar lo colectivo.
La arquitectura promueve descomplejizar el sistema creativo, introduciendo ideas sencillas que respeten la integridad histórica del inmueble. Más allá de una renovación, el proyecto se consolida como una declaración de escala, identidad y visión. Un ejercicio donde arquitectura, diseño y memoria convergen para reconfigurar la experiencia contemporánea del estadio, manteniendo intacta su esencia y elevando su significado
Porque si el Estadio Banorte siempre ha sido un ícono, esta intervención confirma que su legado —y su futuro— siguen siendo, en efecto, MONUMENTAL.
Año
2026
Ubicación
Ciudad de México, México
Uso
Deportes
Estado
Construido
Superficie
15,000 m2
Colaboradores
Cuaik | CDS, Luis Huerta, ESTUDIO Ignacio Urquiza Ana Paula de Alba, CAAM Arquitectos, Clásicos Mexicanos
Equipo de Diseño
Almudena Oria de la Fuente, Ana Paula De Alba, Camilo Moreno Oliveros, Cocó Rincon, Daniel Moreno Ahuja, Daniela Pérez García, Emilio Guzman, Emilio M. Frausto, Erick Eduardo Castillo, Erika Rodríguez Alarcón, Ian Ortega, Ipaldemoany López, Javier Vega, Jimena Orvañanos, Katherine Von Berner, Leslie Jazmín Cortez, Levi Ramírez, Lucia Pells, Luis Felipe Marquez, Luis Huerta, María Fabiola Antonini, Mariana Aguilar Vega, Michela Lostia di Santa Sofia, Miguel Ángel Vega, Pablo Herrera, Patricio Molina, Paulina García Ortíz, Santiago Cuaik, Thalia Valverde, Xavier Delgado
Fotografía
Zaickz Moz